También hago música

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Danza macabra.

Eran las 4:05am cuando decidí salir del boliche, estaba cansado, con calor y sobrio. Una mala combinación que no me permitía disfrutar más del momento. Me fui caminando solo hasta la parada del colectivo, la calle estaba un tanto desierta, salvo por algún que otro auto que pasaba a gran velocidad manejados por adolescentes pasados, que volvían o quizás recién empezaban la noche.
  Metí mis manos en los bolsillos, tenía frío y estaba transpirado por la cantidad de gente que había estado rozándome durante 5 horas dentro del lugar.
 Caminaba con la mirada baja hasta que sentí unos golpes rápidos, un eco, como una mano golpeando una puerta de madera lentamente. Si fuese un dibujo animado, probablemente mis ojos hubieran saltado de sus cuencas al verla. Ella era, como explicarlo, era como una situación que había visto en cortos de cine europeo, esa es una buena manera de explicarlo. Pelo castaño por los hombros, vestido de jean y un saco negro. Su pelo caía con delicadeza y sus puntas frenaban bruscamente, probablemente debido a un maltrato capilar, su boca era pequeña, pero cerrada formaba casi un círculo como una moneda de un peso, tenía algo de los comic vintages en su cara que me dejo por un momento perdido.
  Ella giró su vista hacia mi, volvió la mirada adelante y comenzó a caminar. Lo mismo hice yo. Si todo salía bien nos dirigíamos a la misma parada, probablemente al mismo colectivo y todo termine en una amistosa charla.
Su cabeza giraba por momentos como si algo la acechara, por momentos apuraba el paso y parecía una graciosa figura ya que sus tacos la entorpecían, comenzó a caminar más rápido mirando por sus espaldas con más frecuencia, pero no me dirigía la mirada a mi, sino al vacío. Se pasó de mi parada, yo también. Quería saber que era lo que le pasaba, y si quizás la podía ayudar.
  Cada vez apuraba más el paso, se detenía en las esquinas, yo también, miraba asustada para todos lados, volvía a apurar el paso, yo también empecé a apurarme detrás de ella.
Miró hacia atrás, gritó asustada y echó a correr. Yo también eché a correr. ¿Qué la perseguía? mejor dicho, ¿Qué NOS perseguía? el miedo me invadió a mi también. Por intentar ayudar a una chica me puse en un problema a mi mismo. Empecé a correr atrás de ella, me sacaba casi 3 metros de distancia, pero no tardé en alcanzarla. Ambos mirábamos hacia atrás horrorizados, nuestro susto se producía en efecto cadena. Ella se asustaba, y yo lo sentía el doble.
 Corrí tanto que no sentía los pies, y mi respiración ardía, dobló en una esquina y se metió por un callejón oscuro, al seguirla lo último que escuché fue su grito de pánico apagándose como un walkman que se está quedando sin baterías.


La luz de la mañana empezaba a alumbrar las calles, y me encontré algo mojado por la maratón que había vivido, aunque más transpirado de lo común. Me quedé mudo al verla tirada en el piso, sobre un charco de sangre, y su cuello degollado.
Pero más sorprendido me encontré al ver que mi humedad se debía a toda la sangre que tenía sobre mí, al darme cuenta que todo este tiempo huía de mí.
Eran las 5:05am cuando decidí salir del callejón, estaba cansado, con calor y sobrio. Una mala combinación que no me permitía disfrutar más del momento, aunque no puedo negar que un poco disfruté al sentir su grito apagarse, al jugar a las corridas, al verla realizar esa danza macabra de frenar, espiarme y escapar.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Consejo navideño del día de Tito el gatito.


Tito el gatito dice:

-Armá el arbolito como el orto así te interrumpen a la mitad diciendo "-dejá, dejá, lo hago yo" y te salvás.