También hago música

miércoles, 13 de abril de 2016

Tip Tap

Qué día aburrido, pensó Julia mientras revolvía 5 veces el té antes de tomarlo.
A lo lejos, la figura de su madre acomodaba latas y galletitas en los estantes, su pelo largo y castaño, siempre tirante para atrás, hacían que las marcas de los años en soledad fueran menos notorias.
  Mientras la veía sacar cosas de las bolsas y acomodarlas, Julia divisó una bolsa roja que todavía no había sido abierta. Su madre la dejó para lo último, y con dificultad la sacó. Era una maquina de escribir turquesa, cada tecla tenía sus respectivas letras en dorado, y estaba en perfectas condiciones a excepción de la letra T a la que se la notaba más gastada que las demás y y se asimilaba más a una L al revés.
  —¿Qué te parece? la encontré acá en la esquina, fuera de la casa de Sandra, y a...paren...temente, —dijo su madre mientras la levantaba con dificultad y luego acomodaba unas hojas, tipeando algo al azar — ¡ANDA PERFECTA!
—Me parece genial mamá, contestó Julia que terminaba su merienda y ponía su taza de storm trooper en la pileta.
La niña se acercó a examinarla, le pareció linda. No era una notebook, claro, pero le pareció vintage y una buena decoración. La maquina tenía una sola hoja que llevaba escrito: "Tip tap, Julia"
Julia sonrío y se fue a dormir.

Eran las 2 de la mañana cuando la pequeña, se despertó, sentía unos golpeteos, casi como unos tacones caminando en el comedor, escuchó la maquina de escribir desde su habitación
Tac... tac-tac... tatatac... tac, tac... tac—¿Mamá? —susurró mientras abría la puerta de su cuarto—. ¿Estás ahí? No hubo respuesta.
El ruido iba variando, por momentos habían pausas largas, y por momentos se escuchaba la maquina yendo a una velocidad demasiado rápida. Julia pensó que su madre estaría de lo más inspirada esa noche.
Bajó por las escaleras tomándose de la baranda, primero asomó la cabeza despacio para no cortarle su momento de gloria, pero no pudo ver nada más que la luz del comedor alumbrando las sillas vacías. Siguió bajando pero no vio nada, la maquina no estaba ahí, por lo que su madre debería estar escribiendo en la cocina.
  El golpeteo de la maquina se escuchaba cada vez más fuerte, pero ahora esto se le agregaba un ruido bailarín, unos zapatos golpeando contra el piso. Tac... tac,tactac... hacía la maquina de escribir. "Tip tap, tip tap tap" hacían unos zapatos contra el piso de madera de la cocina.
 Julia se aclaró la garganta y repitió —¿Mamá? —subió la voz ya que los golpes eran cada vez más fuertes  —¡Mamá! — gritó con enojo al sentirse ignorada.
  Se asomó lentamente hasta la cocina, su cuerpo se quedó paralizado, sintió un calor que le recorrió como una bala desde la cabeza hasta los muslos. Su madre estaba bailando al compás de la maquina de escribir, cuyas letras se presionaban solas. La cabeza de la mujer estaba colgando hacia atrás, su cuello parecía el de un cisne, largo y estirado. Su cabeza llegaba a tocar su espalda, su cuero cabelludo tocaba casi la décima vértebra de su columna vertebral, en su cara se veía una sonrisa de éxtasis y placer, un leve hilo de saliva le corría por la comisura derecha de sus labios secos y agrietados, sus ojos estaban dilatados, negros y con la mirada perdida. 
  Su cuerpo y sus brazos estaban en una clara posición de baile de tango, el brazo izquierdo extendido horizontalmente y el derecho abrazando algo, pero allí no había nadie. Estaba sostenida por la nada misma, abrazada al aire su madre danzaba al compás del tac tac de la maquina de escribir.
Bailaba y bailaba de un lado al otro, se movía como si fuese una marioneta controlada por varios hilos al mismo tiempo.
  TIP TAP TIP TAP TIP TAP tenían escrito las hojas a medida que iban cayendo y se acomodaban solas para seguir escribiendo TIP TAP TIP TAP TIP TAP.
La maquina paró y la mujer siguió bailando sola mientras su cabeza se agitaba de un lado al otro como una bolsa en medio de un golpe de aire.
Julia se quedó paralizada y con un hilo de voz gimió de terror y se tapó los ojos. Al bajar sus manos vio a su madre parada frente a ella mirándola, su cuello estaba en terribles condiciones, con unos aros morados al rededor y se lo tenía que sostener con una mano.
 —¿Queres ser parte de mi historia? — preguntó la madre con una voz irreconocible, casi varonil.
Al escuchar esto, la niña se precipitó e intento irse lentamente hacia atrás, su madre se acercaba con los ojos muertos, las pupilas dilatadas mirándola, con la mano izquierda se sostenía su cuello quebrado y estirado para que no cayera su cabeza hacia atrás, mientras que con la derecha intentaba torpemente agarrarla, sus dedos se estiraban y se contraían constantemente.
 —Vení — gritó con voz gutural  —Vení
  Julia se fue torpemente caminando y se tropezó con una mesa ratona, los adornos de feng shui de su madre cayeron desparramados por todo el piso. Logró levantarse y sacó ventaja de ella, que caminaba lento intentando todavía sostener su cabeza, la bata se le había abierto y sus pechos caídos se movían como dos péndulos de izquierda a derecha a medida que caminaba.
 —TIP TAP — comenzó a gemir la madre estirando la última vocal y apagando la voz
 —TIP TAAAAAP —
Julia puso el gancho a la puerta de su cuarto con la traba casera que habían hecho ella y su madre, se abrazó fuerte las rodillas mientras lloraba contra la pared. Por debajo de la puerta blanca de su habitación, su madre le pasaba hojas escritas con la maquina "Tip tap Julia" decía una "Tip tap, tac tac, bailá" decía la otra, y se repetían variando las palabras.
Su madre soltó su propio cuello y dejo su cabeza colgando, a la altura de sus pechos, empezó a moverla de atrás hacia adelante golpeando la puerta. Los estruendos de los golpes provocaban un eco espeluznante, la sangre le brotaba por una de las cejas. Seguía meneando su cabeza de un lado al otro golpeando la puerta de la habitación de su hija hasta que ésta cedió y se abrió despacio.
La madre corrió torpemente hacia su hija que seguía contra una esquina abrazándose cuanto podía de su cuerpo, gritando y llorando tan fuerte que no tenía voz.
Julia levantó la vista y se encontró con la cara podrida de su madre, no tenía ojos y pudo ver dos agujeros oscuros llenos de carne podrida y pus blanco. Esbozó una sonrisa horrenda mostrando unos dientes amarillos como el limón, y su respiración olía a carne descompuesta.
 —Tip tap mi amor — dijo la madre sosteniendo su cuello y sonriendo.

Julia y su madre bailaban desnudas mientras la maquina de escribir les marcaba el tempo y el ritmo, si la maquina paraba ellas paraban, si la maquina seguía ellas seguían.
Ambas con los cuellos estirados y quebrados, Julia tenía la misma mirada que su madre, solo que no sonreía, todo lo contrario, tenía la última cara de terror con la que miró a su madre antes de convertirse en eso. Su boca estaba desfigurada hacia abajo y podía ver que su cara era de un terror y un miedo que nunca antes se había visto. Siguieron bailando toda la noche hasta que la maquina gastó su última hoja
Tip tap, tip tap, tip tap, tip ta...
Cayó la hoja y cayeron ellas también, muertas, podridas.