También hago música

jueves, 25 de julio de 2013

3 cuentos que no te conté por miedo a que me odies.

¿Me Amas?
Ana y Julio llevaban 5 años de relación, no había duda que eran el uno para el otro.
O eso es lo que la gente veía de afuera, las personas siempre inventan felicidad solo por ver dos personas de la mano sonriendo. Eso lo sabía muy bien Ana, quien ya no soportaba las escenas de celos que Julio le planteaba, y decidió ponerle fin a la relación. 2 días después de no hablarse, Julio se presentó en la habitación de Ana, la miro a los ojos como nunca la había mirado y le dijo:
-Ana, no te vengo a pedir que vuelvas conmigo, solo quiero saber si me amas. Ana, ¿Me amas?

Ana se lo quedó mirando mientras sostenía su celular, Julio alcanzó a ver que ella cerraba una conversación.
No hizo falta explicaciones, la duda, el celular, y el silencio incómodo de Ana era suficiente respuesta. Ana abrió la boca para contestar y sintió como su lengua y dientes se llenaban de un líquido espeso, tibio y salado. Julio se había marcado una sonrisa en el cuello con un cuchillo, dejando toda salpicada a Ana.

Primero murió la confianza, después el amor y por último Julio, quien se llevo la cordura de Ana junto con la de él.

El Pasillo:
De chiquito siempre tuve miedo a la oscuridad, era algo común entre los chicos de mi edad supongo.
Mi casa era bastante oscura, y como había muchas fábricas en los alrededores la luz solar llegaba poco y nada.
Mi cuarto se encontraba al final del pasillo, el cual yo siempre cruzaba corriendo sintiendo como si algo me persiguiese. Mi mamá siempre me gritaba que no corra que iba a caerme, hasta que un día pasó, me caí. Fue un gran golpe contra el piso, de esos que te hacen sentir como si te clavaran agujas en la parte de atrás de la cabeza, esos que te dejan mareado y con una sensación de sed.
Mamá me curó entre regaños y nervios, claro que después de eso empecé a tener más miedo de correr por el pasillo que por lo que imaginaba en él.

Así que ahí estaba yo, parado frente al pasillo por cruzarlo caminando por primera vez en mi vida. Dí el primer paso bien, el segundo me dio una sensación en el pecho rara. Empecé a sentir que algo me empujaba, yo trataba de cruzarlo caminando... Pero ¡juro por Dios que algo me empujaba y hacía que mis pies trotaran! giré la cabeza y los vi. Todo este tiempo estuvieron detrás mío empujándome mientras soltaban carcajadas burlonas, eran mis peores miedos empujándome y haciéndome correr.
Siempre fueron ellos, y ahora que lo sé ya no hay vuelta atrás, una vez que los ves, los ves por siempre. Por eso cuando apagues la luz y corras a tu cama, no mires nunca atrás. Porque no estas corriendo vos, son ellos quienes te empujan.

El chico que sabía demasiado:
El siempre supo que había nacido para estar solo, el siempre supo que su familia no lo quería pero lo disimulaba muy bien.
El siempre supo que sus "amigos" eran solo compañeros de escuela que estaban para figurar ante la mirada del resto como buenas personas.
El siempre supo que tenía problemas y no era inteligente en muchas cosas, el siempre supo que las chicas no lo miraban como a todos, el siempre supo que su papá estaba decepcionado de él.
El siempre supo donde su tío guardaba un arma, el siempre supo que le iba a gustar disparar una vez, le iba a gustar disparar dos, disparar tres, disparar cuatro.
El siempre supo que terminar con su familia era lo mejor, el siempre supo que había nacido para estar solo.

Lo que el no sabía, era que en su intento de suicidio iba a quedar vivo, el no sabía que iba a quedar inmóvil para siempre, el no sabía que los pensamientos y fantasmas lo iban a atormentar. El no sabía que iba a estar encerrado, en una silla de ruedas, sin poder hablar ni decidir por si mismo. El no sabía que iba a ver la imagen de su familia agonizante en su cabeza por siempre.
El no sabía que haber quedado vivo, era su peor castigo. "Vivo"...

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