Matías viajaba mucho en colectivo, siendo fotógrafo le encantaba retratar todo momento de la vida cotidiana. Desde la ventana del transporte público captaba los momentos que su país, Argentina, le ofrecía; Perros peleando, pobreza, parejas besándose, ancianos alimentando palomas, padres e hijos jugando, simples casas de barrio, hojas volando en la brisa veraniega, y otros tantos escenarios que solo alguien que sabe de la profesión puede aprovechar bien. Matías solía decir "siempre está pasando algo, solo que no siempre estamos ahí para captarlo" por eso llevaba su cámara a todas partes y sacaba fotos a todo, de ahí salieron sus obras de las que se sentía más orgulloso, las que eran 'viviendo el momento'.
Fue así que un 11 de Enero vio lo que sería la foto perfecta, viajando en un colectivo 343, se encontró con una casa de rejas negras, pasto descuidado. Casi en el medio de la misma, una estatua. Parecía un guardián de la entrada, imponente de un metro ochenta aproximadamente ya que era más alta que él.
La pieza de arte era una mujer de cabello recogido, tenía una toga blanca que le cubría todo el cuerpo, con la mano derecha se apoyaba sobre su cintura en la clásica posición jarra, mientras que con la otra se sostenía la toga por encima de su hombro. Aquel paisaje era increíble, era tan natural, tan raro.
Tocó el timbre para bajar del colectivo y se volvió dos cuadras hasta llegar a la casa, miró a la estatua fijamente, sacó su cámara y tomó al rededor de 9 fotos de distintos ángulos antes de irse.
Al llegar a su casa vio que las fotos no le transmitían nada, sabía que era el escenario perfecto pero que él no lo estaba captando así que al siguiente día regresó. Intentó subirse a un pilar porque ahora quería una foto de la estatua sin las rejas. Matías se río al recordar que hacía 2 semanas que estaba viendo esa estatua como parte del paisaje en su viaje, pero nunca se había percatado que todo este tiempo tuvo la foto perfecta frente a sus ojos, pero le pasaba de largo casi todos los días al viajar.
Necesitaba una buena imagen de la estatua y sabía que no la iba a conseguir desde afuera. Tocó timbre, aplaudió, gritó, pero nadie contestó, entonces se decidió a saltar la reja que no era un gran impedimento para alguien de 21 años. Matías miró la estatua de arriba a abajo, dejo caer la rodilla para apoyarse sobre ella y sacar una foto desde abajo hacia arriba para mostrar la estatua como una figura imponente.
Empezó a sentirse raro, primero pensó que era un calambre, después le empezaron a pesar sus rodillas, no podía levantarse, levantó la cabeza con dificultad y vio que la estatua lo estaba mirando. De aquella mirada inexpresiva empezó a esbozarse una sonrisa casi burlona, Matías entró en un pánico raro entre risas nerviosas y terror horrible, intentaba mirar a su al rededor a ver si las personas podían ver lo que él veía, no se podía mover y no podía hablar, solo gritar muy fuerte en su mente. Intentó mirar por qué nadie veía lo que él veía, fue demasiado tarde, Matías era ahora parte del jardín. Era una estatua.
Miró a su alrededores y la figura de piedra que lo había conmovido ya no estaba ahí, ya no ocupaba espacio en aquella casa, ahora él era la atracción principal.
Pasaron las horas, los días, los meses, Matías lloraba. Pero las estatuas no lloran, así que solo sentía angustia, hambre y sed. No sentía el latido de su corazón, solo la horrible sensación de ansiedad, miedo, ganas de ver a su familia, de comer con sus papás, de jugar con sus hermanos. Lo único que mantenía la mente de Matías cuerda era mirar a las personas pasar. Una niña de unos 15 años se quedó mirándolo, a él, la nueva atracción de piedra. Se sentía tan mal, hacía tanto que no tenía ningún tipo de contacto cercano con una persona, 4 meses y 25 días. Lo único que podía hacer en esa situación era contar los días y las horas. Miró fijo a esa chica de rulos y mochila, hasta que ella se acercó más a el y sacó su teléfono celular para sacarle una foto a la estatua. En un fallido intento de lograr una "selfie" en la que las rejas le taparon la mitad del cuerpo de piedra, la chica se las ingenió y saltó las rejas. Matías sintió felicidad, gritaba con todas su fuerzas que lo ayudara, pero la chica no podía escuchar nada. Se acercó a él y lo miró de arriba a abajo, sacó su celular y tomó la foto. Algo le llamó la atención.
La estatua que estaba detrás de ella, estaba tomando color, cuando ella giro para verlo vio a Matías parado, lleno de lágrimas pero riéndose. Lo escuchó gemir "-Perdón, por favor perdón. Si querés salir tenes que llamar la atención de alguien, yo sé que vas a poder"
Matías corrió como nunca en su vida, gritando, temblando, llorando. Por fin volvió a sentir el viento en la cara, estaba tan feliz que ni siquiera sentía nada de culpa por haberle arruinado la vida a una chica de tan solo 15 años. Al menos no hasta el momento donde sigue pasando por la casa y sigue viendo que la estatua sigue siendo la misma chica, hace más de 3 años que la estatua con uniforme escolar sigue ahí.
Hoy Matías va a hacer algo que debió hacer hace mucho tiempo, va a volver a convertirse en lo que él más amaba. El arte. Y así liberar a la víctima que una vez lo liberó. Matías no puede vivir con esta culpa. No más.
Pasaron las horas, los días, los meses, Matías lloraba. Pero las estatuas no lloran, así que solo sentía angustia, hambre y sed. No sentía el latido de su corazón, solo la horrible sensación de ansiedad, miedo, ganas de ver a su familia, de comer con sus papás, de jugar con sus hermanos. Lo único que mantenía la mente de Matías cuerda era mirar a las personas pasar. Una niña de unos 15 años se quedó mirándolo, a él, la nueva atracción de piedra. Se sentía tan mal, hacía tanto que no tenía ningún tipo de contacto cercano con una persona, 4 meses y 25 días. Lo único que podía hacer en esa situación era contar los días y las horas. Miró fijo a esa chica de rulos y mochila, hasta que ella se acercó más a el y sacó su teléfono celular para sacarle una foto a la estatua. En un fallido intento de lograr una "selfie" en la que las rejas le taparon la mitad del cuerpo de piedra, la chica se las ingenió y saltó las rejas. Matías sintió felicidad, gritaba con todas su fuerzas que lo ayudara, pero la chica no podía escuchar nada. Se acercó a él y lo miró de arriba a abajo, sacó su celular y tomó la foto. Algo le llamó la atención.
La estatua que estaba detrás de ella, estaba tomando color, cuando ella giro para verlo vio a Matías parado, lleno de lágrimas pero riéndose. Lo escuchó gemir "-Perdón, por favor perdón. Si querés salir tenes que llamar la atención de alguien, yo sé que vas a poder"
Matías corrió como nunca en su vida, gritando, temblando, llorando. Por fin volvió a sentir el viento en la cara, estaba tan feliz que ni siquiera sentía nada de culpa por haberle arruinado la vida a una chica de tan solo 15 años. Al menos no hasta el momento donde sigue pasando por la casa y sigue viendo que la estatua sigue siendo la misma chica, hace más de 3 años que la estatua con uniforme escolar sigue ahí.
Hoy Matías va a hacer algo que debió hacer hace mucho tiempo, va a volver a convertirse en lo que él más amaba. El arte. Y así liberar a la víctima que una vez lo liberó. Matías no puede vivir con esta culpa. No más.
excelente historia! me encantó y me impactó el final.
ResponderEliminarGracias por tu tiempo de leer y de comentar Johnba! actualmente estoy escribiendo más cuentos de terror en Wattpad (Ya que poca gente usa blog) te lo dejo por si queres leer, hay 3 nuevos.
Eliminarhttps://www.wattpad.com/story/93241556-no-duermas